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| Vol 27. N°3. 2026 | Julio-Septiembre de 2026 |
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EDITORIAL
EL CONTINUO CAMBIO Y EL CONSTANTE DESAFÍO
CONTINUOUS CHANGE AND CONSTANT CHALLENGE
Prof. Lic. Diana Miriam Kabbache
| Facultad de Medicina, Universidad del Salvador, CABA |
Desde los inicios, los humanos se han alimentado con lo que se encontraba en su hábitat. En las primeras épocas lo hacían recolectando y cazando lo que estaba a su alcance, así lograban paliar el hambre y sobrevivir. Luego, al afincarse, comenzaron los primeros cultivos y criaron sus propios animales, así se generó la necesidad de guardar parte de la comida sobrante para épocas en las que la cosecha y la faena no alcanzaban evitando hambrunas con la consecuencia de enfermedad y muerte.
Al no conocer las causas de dichas enfermedades, se las atribuían a designios mágicos o divinos. Es así que la comida comenzó a tener significados sagrados: se ofrecía a dioses o seres superiores, y comenzó a ser parte de funerales y festejos. El agua y la comida también comenzaron a ser motivo de enfrentamiento, intereses territoriales y poder.
El dilema de cómo conservar la comida para períodos de carencia siguió siendo la inquietud que motivó estrategias muchas veces muy riesgosas por desconocimiento de lo que luego aportó la ciencia. El salado, el secado al sol en lugares de baja humedad relativa del ambiente, la acidificación con limón o vinagre obtenido por hallazgo al fermentar vinos en algún lugar de reserva, la cocción con miel o azúcar, mantenían los sabores y no generaban tanto malestar, se observaba una mayor supervivencia.
La curiosidad, el interés por saber más y la búsqueda de respuestas hicieron que los próceres de las ciencias, como la Química, la Física y la Matemática desarrollaran teorías, comprobaran fenómenos y los explicaran con rigor. Se inicia la era de los descubrimientos que explica lo que era inexplicable. Como todo lo nuevo y diferente, la ciencia era vista con ojos escépticos, muchos alquimistas fueron quemados en la hoguera o sometidos a juicios implacables, solamente por aplicar la ciencia, por desentrañar lo oculto. La ignorancia ganaba terreno: era más fácil negar lo que no podía alcanzar o interpretar que pensar y comprender utilizando la lógica. Probablemente también se temía perder poder.
Las guerras, con su crueldad y con las mayores demostraciones de miseria humana, abrieron las puertas a la interpretación y al tratamiento de numerosas patologías. Los avances científicos, como el descubrimiento de diminutos seres y partículas que pueden ser causa de enfermedad o ayudar a preservar alimentos o a mejorar el equilibrio de la flora intestinal, fueron maravillosos: un quiebre en la historia que cambió todo, desde los tratamientos hasta las formas de acondicionar un quirófano. Así, el mundo avanza, se producen vacunas, se controlan epidemias que antes eran devastadoras, se conservan alimentos que eran imposibles de consumir en otras épocas, se erradica la viruela, por ejemplo.
Todo parece marchar bien, pero siempre hay tropiezos, lo importante es volver a erguirse. En la actualidad, se cuenta con grandes progresos científicos y tecnológicos que mejoran la expectativa y la calidad de vida. En lo que se refiere a prevención, las vacunas, las recomendaciones nutricionales y de actividad física, las normas de higiene e inocuidad, los controles médicos con estudios de laboratorio e imágenes que mediante protocolos de periodicidad y monitoreo han posibilitado hallar evidencia de la posibilidad de enfermedad antes de su expresión y evitar al menos daños mayores. La ciencia y la tecnología, bien utilizadas, van de la mano para beneficio de la humanidad.
En la alimentación y nutrición, que son pilares de la prevención, se cuenta actualmente con alimentos fortificados para evitar carencias, restringidos para situaciones especiales, modificados en su valor energético, específicos para patologías puntuales. También los métodos de conservación se perfeccionan día a día con procesos inocuos para que los alimentos lleguen a lugares remotos o permitan ser conservados con fecha de caducidad prevista y tiempo de vida útil una vez abiertos, además de la forma de mantenerlo hasta el consumo.
Desgraciadamente, en los últimos tiempos, estamos siendo testigos de un fenómeno retrospectivo. Una vez más, ojos escépticos, sin basamento científico, desconocen completamente la tecnología, y lo que es peor, ignoran a aquellos próceres de la ciencia que se sobrepusieron a la adversidad para mostrar al mundo sus descubrimientos, esos que mejoraron la calidad y expectativa de vida. Muchos de ellos niegan la efectividad de las vacunas, desalientan el consumo de alimentos que previenen carencias, promueven ayunos innecesarios, inducen a prácticas peligrosas y desautorizan las voces de profesionales idóneos con experiencia y trayectoria. Pareciera ser que, como en la fábula «La zorra y las uvas» de Esopo, lo que no se entiende, es difícil de comprender o no se alcanza, no sirve, es peligroso o es desagradable.
Nuestro deber como profesionales de la salud, comprometidos, que hicimos un juramento el día de nuestra colación de grado es no ser pasivos, es hacer lo que hicieron los maestros, desafiar la ignorancia y defender a la ciencia propiciando el uso adecuado de la tecnología por el bien de la sociedad.
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